La Agenda política: construcción y discusión
Por: Maestrante. María Margarita Arenas Tawil
La agenda es un conjunto de temas pendientes que se fijan personas individuales y colectivas, que deben convertirse en tareas ya acciones para lograr un fin. Por eso al escuchar el concepto agenda política surgen los siguientes interrogantes: ¿Qué se entiende por agenda política? ¿Cómo se fija la agenda política? ¿Es entendible la agenda política de acuerdo con las acciones emprendidas por el Estado? ¿O se puede entender la agenda política cómo el producto de la presión social para lograr imponer una serie de acciones? ¿La agenda política es de gobierno o es de Estado? ¿Qué implicaciones tiene la agenda política en cuanto a asunto de gobierno y asunto de Estado? ¿Es el Estado más público que privado? Estas son las preguntas orientadoras de esta reflexión.
Pardioleau como se citó en Roth-Deubel (2009), define agenda política como: "el conjunto de problemas percibidos que necesitan un debate público, o incluso la intervención (activa) de las autoridades públicas legítimas"(p. 57). La fijación de la agenda política también llamada pública, está relacionado con el enfoque, de sí es centrada en el Estado o es fijado por la sociedad. Torres- Melo & Santander (2013), se refieren a las políticas públicas cómo aquellas que expresan: “los objetivos de bienestar colectivo y permiten entender hacia dónde se quiere orientar el desarrollo y cómo hacerlo, evidenciando lo que se pretende conseguir con la intervención pública y cómo se distribuyen las responsabilidades y recursos entre los actores sociales” (p. 14).
Frente a esta definición, hay que señalar cómo, el objetivo de esta reflexión no busca citar y asentir, sino también confrontar lo planteado por algunos autores, como la expresión un tanto idílica de los autores anteriores que plantean un enfoque teórico basado en la sociedad. Pero estas visiones ignoran o desconocen que la política como el derecho internacional – por poner un ejemplo – dependen más de los hechos, de la factualidad, que de teorías de la Francia revolucionaria como el contenido en el concepto pacto social que propuso Rousseau. Y es que, en la realidad, no son las sociedades sino las élites, los cabecillas y caudillos, con su poder económico y su posición de fuerza, los que determinan a través de su capacidad de maniobra social, la construcción de la opinión pública, de una agenda pública.
Como ejercicio praxiológico, es necesario señalar en el pasado cercano, hechos de la historia de Colombia, como por ejemplo, cuando en el año 1990, se votaba el impuesto a la cerveza el senado, un hecho empresarial, terminó siendo transmitida en vivo y en directo por la cadena Caracol de Colombia, en sus medios de televisión y radio, más sus enlaces de prensa como Cromos, El Espectador y El Tiempo: la razón, en ese momento, la Familia Santo Domingo, el poderoso grupo económico, era dueña o accionista importante de este entorno mediático (Rodríguez & Duque, 2008). Sobre la construcción de la opinión pública, Dorantes (2008) señala: “la percepción que los diversos y diferentes públicos tengan de la política responderá a la cuestión de quién comunica qué a quién y cómo” (p. 44).
Estos hechos, así como el despliegue coyuntural dado a los grupos de lesbianas, gay, bisexuales, transexuales – LGBT- en tiempos electorales a nivel mundial, demuestran que la fijación de la agenda pública, no depende del problema y del interés social en sí, sino de una construcción comunicativa, que Habermass (2000) denomina acción comunicativa, cuando de acuerdo a otra visión idílica de la comunicación y los medios que hacen masiva un punto de vista informativo, les otorga a las empresas vendedoras de noticias, una labor de supervigilancia social y democrática.
Ahora bien, frente a los problemas de violación de los derechos humanos, durante el estallido social entre el 2020 y el 2021 en Colombia, el enfoque de los medios masivos de información, expuso el mismo discurso del Estado. A diferencia de las protestas en Venezuela en 2017 y en la tentativa de Juan Guaidó de entrar unos camiones con supuesta ayuda humanitaria, que apoyaron Caracol, RCN, Caracol, RCN y cada emisora en manos de los más multimillonarios como Santo Domingo, Guillinsky – dueño de Revista Semana y accionista de El Tiempo – así como Ardila Lula, en el caso de Colombia la actitud y discurso de los medios masivos de información, fue condenar a los marchistas en protestas y apoyar de forma irrestricta a las fuerzas militares.
A manera de conclusión, se puede decir que la agenda pública es el conjunto de temas que gravitan en la construcción de opinión pública con el fin de construir acciones de solución y bienestar, frente a problemas objetivos y subjetivos alrededor de los cuales se abre una agenda legislativa o de acciones de protesta. Esto dependerá del nivel de intereses en juego en cada uno de los temas, y el peso económico, político, social y cultural de los actores sociales en disputa. La existencia de un modelo de cabildeo, desde Estados Unidos hasta la India, desde la India hasta Argentina, sirve para demostrar cómo el Estado cada día se hace más privado y menos público.
La percepción de lo público del Estado en la construcción de política pública, depende más de la correlación de fuerzas que se suman frente a un problema o se confrontan entre sí. El cabildeo es una forma de comprar y sobornar el voto de los legisladores, comprados y patrocinados por los grandes empresarios y los gobernantes. Entonces, el problema de percepción es más de palabras que se han impuesto pero que no se han discutido de acuerdo con la filosofía del lenguaje, como lo plantea Martín-Barbero (1991), cuando hace un análisis del papel de la mediación en la construcción de interés público y por consiguiente de interés público. La opinión pública, casi siempre surge desde el interés privado que lo disfraza de público.
Sí bien es cierto que una cosa es el gobierno como grupo de poder que tiene un manejo más o menos temporal del Estado, y el Estado, el conjunto de intereses objetivos y subjetivos que dominan los siete poderes como parte de una maquinaria: el militar, el legislativo, el ejecutivo, el judicial y el de los medios masivos de comunicación, dominados por el gran poder detrás de la formalidad: el entramado industrial y financiero que mueve los hilos de las políticas públicas. El estado élite es el verdadero poder determinador de la agenda pública.
Un ejemplo de ello se pudo apreciar en los desastres de corrupción de Sarmiento Angulo, en Chirajara y la vía al llano, o su poder para imponer a Alberto Carrasquilla como ministro de Economía y ahora director del Banco de la República a pesar de los gruesos hechos de corrupción en Odebretch: a ninguno de ellos los ha llamado la ley a responder por lo indicios delictuales.
Referencias
Borón, A. (2012). Pensamiento único y resignación política. Los límites de una falsa coartada. Buenos Aíres: Clacso.
Dorantes, G. L. (2008). Opinión pública, medios y construcción de la agenda política . Revista Mexicana de Opinión Pública, núm. 4, abril, 43-72.
Habermass, J. (2000). Teoría de la acción, I. Racionalidad de la acción y racionalización social. México DF: Taurus.
Martín-Barbero, J. (1991). Los medios y las medicaciones. Comunicación, cultura y hegemonía. Bogotá: Ediciones G. Gil, SA CV.
Rodríguez, C. A., & Duque, E. J. (2008). El Grupo Santodomingo: el pez chico se come al grande de generación en generación INNOVAR . Revista de Ciencias Administrativas y Sociales, vol. 18, núm. 32, julio-diciembre , 127-152.
Roth-Deubel, A. N. (2009). Políticas públicas. Formulación e implementación. Bogotá: Aurora.
Torres- Melo, J., & Santander, J. (2013). Introducción a las políticas públicas. Bogotá:
IEMP.
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